Apología del mundo
El mundo es el enemigo del cristiano, reza el predicador todos los domingos, en el sermón de la mañana.
A decir verdad me encanta el mundo, así que nunca encajé en esa definición malévola. Me encanta vivir en la Tierra, no me veo haciendo mi vida allá en Marte o en la Luna, como de alguna manera sugieren los predicadores anti terrícolas.
Soy terreno... Después de haber meditado al respecto y leído la Biblia he llegado a la conclusión de que el mundo no tiene la culpa de nada. Esta hermosa tierra solo nos ha dado los mejores regalos. El mundo, en contra del cuál se ha ensañado el predicador, es una metáfora del sistema construido por el hombre con el Diablo como autor intelectual.
Un sistema al que yo llamo "la factoria del Flow". Un intrincado y si, malévolo instrumento de perversión, humillación, sinsentido y soledad en el que viven y se desarrollan algunos seres humanos. Controlados por otros un poco más audaces, que manipulan a su conveniencia y a la de su "jefe" los hilos de la economía, las ciencias, el arte, la política, etc.
Buscando siempre que aquellos simples, se mantengan así. Y que, al modelo de la Matrix, sólo sean ciegos participantes de un círculo vicioso que sólo se enfoca en utilizarlos mientras son productivos y, desecharlos cuando ya no son útiles. Además este sistema sin corazón...
Esperen, esperen...
Por un momento me dejé llevar. Porque yo no creo eso, obviamente estoy conciente que el sistema está podrido desde dentro y que su centro es inflamado por la rueda del infierno, en donde todas las voluntades desean ver hundida en el fango a la máxima obra maestra de Dios, el hombre. Pero, en realidad lo que creo es lo siguiente.
Creo que Satanás tiene la batalla perdida, por una simple razón. El hombre, para desgracia de su enemigo, fue creado a imagen y semejanza de Dios. Inclusive cuando este no ha logrado tener un encuentro personal con su creador, sigue expresando su Gloria. La de aquel que lo convirtió en repositorio de su carácter, capacidad creativa, poder de amar, saber y transmitir, influenciar y transformar.
Es notorio que el hombre demuestra su naturaleza a través de su obra, a pesar de que el Diablo a querido, desde siempre, tornar simplista el pensamiento del hombre, denigrar su humnanidad y destruir su capacidad de soñar y hacer realidad sus sueños; siempre surjen los milagros creativos, los momentos de compasión, las caricias sinceras, las genialidades artísticas, las prosas que tocan el alma, los acordes que te sacan una lágrima, los besos que te dejan sin aliento.
Cada acto de amor y compasión, cada acorde, la pincelada perfecta, esa armonía de color, la sincronía de los cuerpos, el encuadre adecuado, la belleza de lo simple, todas esas risas sinceras entre amigos, cada palabra de perdón y acto de dignidad humana son una puñalada en el costado de Satanás.
El mundo, aquel construido por el maligno, es malo sin duda. Pero más vale fijarse y defender a aquel otro mundo. Al mundo de las canciones que defienden la vida, el de las películas que te conmocionan el alma, no los amigos que te hacen bien. Aquel en el que la tecnología le ayuda a un bebé que nació sordo a poder escuchar por primera vez la voz de su madre o en el que se logra llevar agua potable a una comunidad alejada, etc, etc, etc.
Pero aun creo en la humanidad y en ese mundo que hace cosas maravillosas. Amo escuchar un solo de guitarra, una canción romántica, una voz que te hace estremecer, un acorde del bajo, un saxofón que hace danzar las notas en el aire.
Un poema bien hecho, un libro que te transporta, amo ver un padre que educa con amor, un trabajador que se queda horas extras sin más que un interés legítimo de ver progresar la empresa.
Busco esos momentos cuando el sol se oculta en el horizonte y torna el cielo en un lienzo de rojos, naranjas y amarillos. Me encantan las cascadas y sentir como el agua helada te limpia el alma y el corazón.
Extraño los momentos de soledad conmigo mismo y mucho más los momentos cuando estoy rodeado de la gente que me ama y amo. Sentir el aroma del café pasado y caminar bajo la lluvia entre calles antiguas, luces tenues y frío.
Quiero ver este mundo florecer bajo la tutela de hombres dignos, mirar a los niños crecer con esperanza y que los genios sigan creando, los filósofos cuestionando, los pastores guiando, pero sobre todo anhelo que este mundo le gane la batalla al maligno.
Vamos por buen camino, que no dirán algunos. Que el enemigo es el mundo dirán otros más.
Yo solo creo esto... Ahora el amor es cuestión de fe... Y yo amo tanto este mundo así que tengo mucha fe...
vamos por buen camino.
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