Solo lo pensé mientras cenaba
Me pregunté porqué Jehova, Dios eterno sabiendo que la rebelión de Satanás iba a desencadenar una serie de dramáticos y trágicos acontecimientos para El mismo y para la humanidad, no detuvo todo desde un principio... porqué dejó que aquel ser de luz se rebelara, arrastrara a la tercera parte de los ángeles, luego que se introdujera en el paraíso, tentara a la mujer y a través de esto hiciera caer en desgracia y muerte a toda la creación trayendo la necesaria expiación de manos y Sangre de su Unigénito.
La respuesta es bastante simple pero profunda. Lo pondré de esta manera, no tratando de ser específico sino mas bien espiritualmente literario.
"TU eres la Obra Maestra de Dios. Su Máxima Creación. La Perfecta demostración del inmaculado y excelso poder divino de la Trinidad."
A tal punto que prefirió dejar que todo eso suceda porque esperaba expectante el momento en que tu abrieras los ojos en este mundo.
Solo quería verte vivir, anhelaba mirar tu sonrisa, tu gracia, ese gesto que haces cuando estas motivado por emprender algo o la manera en que te molestas cuando no logras lo que te propones. No podía esperar verte danzar o escucharte cantar, cuando amaste por primera vez y cuando lloraste.
Te regaló este mundo; una perfecta y sincronizada creación maravillosa y un espíritu que anhela el éxito. Un cuerpo flexible y fuerte capaz de lograr grandes hazañas pero sobre todo quiso darte el mayor regalo de todos.
El Soberano no quería que fueras una sillas más entre sus muebles, tampoco que seas un autómata sin pensamiento que solo siga órdenes; El había guardado el mejor de los regalos para el final. Algo que ni la rebelión de Satanás, ni el universo ya creado, ni ningún otro ser podría arrebatarte... la capacidad de decidir.
El ser humano; la obra maestra de Jehová, el climax de la creación, el broche de oro, el orgullo del Señor. Creada al final de todo lo creado, como último punto a la perfección debía necesariamente tener el libre albedrío.
Todo valdría la pena cuando te viera levantarte, luchar, triunfar, ser feliz. Cada día de angustia y desvelo tendría sentido cuando decidieras hacer el bien en vez del mal.
Todo valdría la pena cuando te viera levantarte, luchar, triunfar, ser feliz. Cada día de angustia y desvelo tendría sentido cuando decidieras hacer el bien en vez del mal.
Tu y solo tu, el motivo valioso por el cual Jehová sacrificó a Jesús, su único hijo. Eres aquel motivo de felicidad de Dios porque el ríe cuando tu ríes, se emociona cuando tu te planteas nuevos retos, cuando tu lloras el está a tu lado con su silencioso consuelo, cuando cantas el te hace coros y si triunfas el celebra; y un día, cuando partas de este mundo te espera con ansias abrazarte muy fuerte y decirte bienvenido de vuelta.
Es tiempo de hacer que nuestra vida valga la pena... que valga lo que costó...
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