Era de esos

Soy de los ochentas.
Soy de cuando las canciones parecían ser hechas para ti.
Soy de los que prometen amar para siempre. Del bolero, de Aznavour, de la poesía y Manzanero cantando no se tú; los libros de historia, los paseos por el parque con un helado en la mano.
Soy de los que toma la mano de su compañera sin entrelazar los dedos.
Soy de los que regalan con el corazón, cosas con significado.

Pero otro día alguien me dijo que había perdido mi unción, otro me dijo que ese tipo de amor no existe, alguien más me prometió que volvería a fracasar. A todos los escuché atentamente mientras intentaba sostener la mirada y la sonrisa nerviosa que quería traicionarme y develar el dolor que sentía por dentro.

Parecía ser que mi existencia había transcurrido por el sendero del error y la mediocridad, y que la pequeña ilusión de éxito que había acariciado sólo eran las migajas de una mesa en la cual nunca me senté.

Pero justo cuando las palabras maléficas estaban a punto de sembrar muerte con rostro de desesperanza en el fondo de mi alma. De allá, a lo lejos, sutil y tenue pero constante, emergía el silbido del mar, ese que escuchas distante mientras caminas hacia la playa, cuando ya cercano, sabes que el mar está al otro lado de aquellos matorrales a la vuelta de aquella pendiente.
Puedes sentir el aroma a sal, la fresca brisa y como el corazón se te acelera. Fue ahí cuando supe que no era el fin de nada.
Era solo un escalón más de los tantos que me faltaban por subir.

Del fondo de mi corazón emergió la esperanza. No se quien la puso ahí, pero con certeza y decisión salió en mi defensa para decirme que el juego no había terminado. Esperanza de qué, no se. Probablemente es mi terquedad buscando escapar a través de un silbido de mar que me decía, aún no es tiempo de rendirse.

Una vida de errores no se compensa con un par de aciertos, dicen los antiguos.
- Pero quien lo dice!
- Otra vez el silbido
Te lo dice alguien que no logró nada en la vida. No son ni la mitad de buenos que tu.
- Ok, es verdad. Cometiste muchos errores pero quien quita que tus par de aciertos sean suficientes para dejarte en gloria. Todo habrá válido la pena. Siempre fuimos intencionales!

Siempre tuvimos un plan. Pará bien o para mal, ahí estaba la voluntad de ser y hacer.
Por el contrario, los que señalan con el dedo, los definitivos, los académicos, lo tradicionalistas nunca se sintieron a gusto con nuestra compañía. Tenías que ser disruptivo!

Era de esos, definitivamente. Era de esos que creían, luchaban, nunca escuchaban, peleaban, sufrían y lloraban; planificaban.

Era de esos, de los pocos que quedan, de los que sobreviven. Que no encajan, de esos que su mente va a mil por hora, de los que no dejan de pensar, de crear, de decir.

Era de esos. Pensé que sus palabras me enterrarian, pero no!
Porque definitivamente era de esos!

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