Hoy decidí vivir
Aun sigo imaginando los lugares donde podría estar ahora mismo. Un hospital, enterándome por boca de un doctor especialista en niños, cuántas fracturas y lesiones incurables tiene mi hijo, que nunca más podrá caminar y que por los golpes en su cerebro nunca podrá pronunciar su nombre.
O escuchando a un traumatólogo acerca de las lesiones que dejaron paralítica a mi esposa. Me imagino abrazando en silencio aquellas extremadamente caras zapatillas de ballet que ella nunca más podrá usar y que atesoraba en la caja donde vinieron cuando las compró. Lloro cuando pienso cuan egoísta fui al no motivarla a seguir danzando a pesar de que era madre primeriza.
Podría estar sentado en la fría y metálica silla de la sala de espera de la morgue, contando los segundos, resistiendo a toda costa, luchando contra mi mente que estaría deseando con todas mis fuerzas olvidar la vida que corría por las venas de mi esposa y mi hijo, tratando de borrar las espectativas y sueños que tenia para ellos, queriendo justificar lo injustificable y tratando de darle algún sentido a la locura que estaba viviendo. Una partida sin retorno.
Podria estar en tantos lugares tristes, sintiendo como el alma se me muere con cada latido, haciendo preguntas para las que no hay respuesta, cuestionando la existencia de Dios y dudando de mi propósito.
Podría tener un vacio en el alma, ahora mismo, inclusive podría estar muerto, dejando atrás a un hijo que viviría sin padre, a una esposa que viviría el resto de la vida con un suspiro en el alma... podría estar tras las rejas por haber quitado la vida a otro ser humano, podría, podría...
Pero estoy aquí, recostado en una cama muy amplia, algo incómodo por el pegajoso y húmedo calor de la costa ecuatoriana, escuchando ese sonido que tanto amo, y que ahora me doy cuenta, el delicado silbido del aire al entrar por la pequeña nariz de mi hijo cuando duerme. Y sintiendo el tibio calor corporal de aquella a quien escogí como esposa...
Los miro mientras duermen, como muchas otras veces, pero nunca significó tanto como hoy. Hoy están vivos y junto a mi. Cayeron rendidos en un profundo sueño, era de esperarse, tuvieron una tarde tan difícil, llena de sustos, dolor y tensión.
Casi no vivimos para contarlo, como dice el dicho. Quien tuvo la culpa, es la pregunta que salta a la vista. Tal vez la imprericia del conductor del taxi que quiere cambiar al carril del sentido contrario en plena carretera, sin realizar la respectiva señal o yo, que preocupado por regresar a tiempo iba más rápido de lo debido para la zona en la que transitaba.
El resultado; un pitazo, freno y embrague presionados a fondo, un derrape de al menos doce metros y un impacto de lleno en la parte trasera del taxi que destruyó por completo el capó, faros, ventilador, radiador, sistema de alarma, chasis frontal, parachoques y algunas minusias más.
¿Como nos salvamos, como es que no estamos allá, donde mi imaginación me lleva?
Un dádiva del Todopoderoso, una estratagema pensada para hacernos reaccionar acerca de lo simple, simplona o simplista vida que llevamos. Un halón de orejas para recordarnos que el propósito por el cual estamos aquí es para cumplir Sus razones. Para mirar el valor de una vida y saber, por supuesto, que la vida y la muerte son potestad de Dios.
Dios nos salvó para recordar que no importa lo que haga o diga, sino lo que el está construyendo en nosotros. Para mostrarnos su amor que sobrepasa el dolor... Por supuesto para darnos una nueva oportunidad.
Solo los simples podrían pensar que los accidentes y las vicisitudes, las malas rachas y enfermedades son causados por consecuencia del pecado. Dios no es tan básico, su proceso de formación no se trata únicamente de castigos y premios según el comportamiento de sus hijos. El va más allá de eso, el mira trascendentalmente, el tiene propósito, sueños, glorias y victorias, buenas obras preparadas de ante mano para que sus hijos caminen en ellas. Y eso no se consigue únicamente castigando el error. Cuantos ministros de Dios han atravesado muerte, dolor, enfermedad, abandono y fracaso justo en la cúspide de su carrera espiritual, el momento de mayor cercanía con el Padre llegó la desgracia... Al final ellos supieron reconocer que todo aquello solo era el escalón que debían ascender para alcanzar el nuevo nivel en el que Dios quería utilizarlos.
Saber eso debería darte toda la fe y esperanza que necesitas para seguir adelante.
Por ahora, nosotros, confiamos en que llegaremos a Quito de una sola pieza. Con los afectos renovados, los compromisos restaurados, habiendo cerrado los ciclos que faltaban y sobre todo dispuestos a re escribir la historia.
Decidí volver a vivir, únicamente porque mi Dios decidió devolverme la vida.
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