Vivir de regalos

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Cuando joven, mi padre era todo un personaje; natural atractivo físico, ojos verdes grisáceos, su cabello delicadamente peinado hacia la derecha con el partido a un lado, su pantalón de terno perfectamente planchado, con una línea que nada le tenía que envidiar a un sastre. Una gama de corbatas que encajaba perfectamente con sus más de treinta ternos perfectamente colocados en el armario y al pie, por supuesto los respectivos treinta pares de zapatos.
Un portadocumentos en donde se escondían sus más de diez identificaciones, que lo reconocían como Escritor, Periodista, Director de noticias, Licenciado, Jefe de prensa, Presidente de asociaciones de periodistas, Miembro honorario de Asociaciones de Automovilismo y muchas más instituciones reales y ficticias, que le ayudaban a obtener prácticamente todo lo que el deseaba.
Dicen que el "paquete" suele llegar completo, poseía una "voz de locutor", literalmente. Su entrada en el mundo de la radio fue a muy temprana edad. Después de aprender el oficio rápidamente, contaba el, en el taller de un sastre muy afamado en el Centro Histórico de Quito, se integró como ayudante a la oficina de un Abogado, donde se desarrollo su amplia verborrea, luego como ayudante en una radio de Quito, y pues lo demás es historia.

Aprendió bien el oficio, el de engatusar, por supuesto. Ese fugaz caminar por las radios de Quito lo llevaron a Estados Unidos, pero en el ya se había instalado el apetito por las mujeres, la libertad o tal vez libertinaje, el dinero y la irresponsabilidad. Así vivió su vida adulta, caminando por el mundo como un desterrado que se cree dueño de todo, como un libre pensador que creía tener todo bajo control, que nunca envejecería y que siempre estaría acompañado. Así procreó hijos, en ese tiempo eran tan desechables como lo son hoy y muchos de ellos esparcidos alrededor del mundo hoy reniegan tener un padre. Son hijos milagrosos, según ellos claro, procreados por madres abnegadas pero que desbordan pos sus poros la tirria y el desengaño de una infancia de abandono y negación paterna... son Villegas, por pura casualidad.

El vivió de los favores, de los arreglos, de las triquiñuelas y las falacias. Su encanto natural le abría puertas y los contactos le afianzaban los beneficios. Pero como este mundo da vueltas y el mismo truco no funciona mil veces, se acabó la bonanza. Sus contactos perdieron fuerza, envejecieron, murieron, se retiraron de la jugada y cada vez se quedó mas solo, más triste, más enajenado, más distante. Vivió de los regalos que le dio la vida, su innegable talento, su facilidad de palabra, su presencia cuando entraba a algún lugar, la vestimenta, la gracia.

Pero esos regalos, como efímeros consuelos, se dispersaron al pasar de los años. No eran mas que lejanos recuerdos que eran despojados por las certezas y verdades. Certezas que pisaban fuerte, cada año que pasaba solo iba desnudando la vileza de su alma, el castillo de naipes se derrumbaba dejando entrever una vida sin cimientos, sin certezas ni verdadero amor. Pensó que el regalo de la gracia no se terminaría nunca, que el mundo siempre giraría en la palma de su mano pero eso, al parecer no es cierto.

Vivir de regalos es un sutil engaño. Los regalos son temporales, se los usa y se van destruyendo o terminan por ser reemplazados por otros nuevos y mejores. Así al parecer es la vida, una cadena de regalos temporales que nos sirven solo por un tiempo, los más sabios los usan, los aprovecha pero a través de ellos construyen certezas y verdades eternas. Los regalos más valorados, tarde o temprano serán disueltos por las implacables circunstancias y el tiempo.

La belleza, la inteligencia, el don... todos ellos, todos ellos se terminan esfumando, son como la niebla que llega con el día pero que mientras avanza la mañana, se dispersa y desaparece para dar lugar a la verdad que exhibe la luz del día. ¿Para que tenemos esos regalos?
Para construir verdades trascendentales, para levantar pilares sobre los cuales descansen las siguientes generaciones, o inclusive nosotros mismos cuando seamos viejos.
El regalo que hoy tienes debes usarlo, pero para construir algo realmente valioso. No te fue dado para usufructuarlo sin discernimiento, no es para vanagloriarse o enaltecerse sino para Construir.

Con el regalo que tienes en tus manos puedes construir lo que desees, puedes dar cimiento y formación a tus más profundos sueños, verlos florecer y que sean como las ramas de un gran árbol frondoso que da sombra y hogar a otros seres vivos como ardillas, pájaros, mariposas, gusanos y que cubre a los seres humanos bajo sus ramas. O puedes usarlo para satisfacer tus caprichos más banales y superfluos, enfocarlo en gustos temporales y desperdiciarlo. Nadie se acuerda del que llegó en segundo puesto, decía un anuncio publicitario de una marca deportiva, haciendo referencia a que tu don debe ser usado para hacerte llegar primero.
Es el mismo principio, tu regalo es tu juventud, tu belleza, tu inteligencia, tu capacidad de liderar, tus sueños, tus habilidades, tu visión, tu salud... el regalo eres tu.

Haz que te recuerden, hazle falta a alguien, crea cosas, plantea soluciones, pon bases, abre caminos, enseña, construye, diseña, da vida, haz las paces, ama.
¿Para qué?, pues cuando el regalo se gaste, se destruya o deba ser reemplazado, será retirado con amor, con honra y gratitud.
Porque, en verdad te digo: cuando eres joven te vistes y andas por donde quieres; pero cuando seas viejo extenderás las manos y otro te vestirá, y te llevará a donde no quieras.
En ese momento tu mente tendrá la paz que necesita, de saber que cuando pudo, lo hizo. Cuando debía hacerlo, se arriesgó. Cuando lo sintió, actuó.

Hoy mi padre termina sus días en una pequeña y fría casa, acosado o bendecido, aún no lo se; por la sombra del Alzheimer, que se ha llevado todas sus vergüenzas, sus pocos aciertos y sus muchos errores al olvido. Allá donde solo el y Dios saben que sucedió realmente. Entres sus tenues momentos de cordura repite la frase del Gran Maestro: venid a mi los trabajados y cansados que yo los haré descansar... y luego en silencio su mente se esfuma con silencio y soledad allá, a vivir de regalos.

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