Al atardecer


Alguna vez vi un atardecer que marcó mi vida. Era la playa blanca, la arena era tan fina y suave que parecía ser maicena; el mar casi no tenía olas, era un balanceo seductor y delirante, como la danza de una virgen que se hacía uno con la brisa marina, el agua tan transparente que podías ves pequeños peces nadar en la orilla. No había nubes, mas que girones lejanos que de dispersaban en el cielo.

Cuando el sol cayó. Me pareció un meteorito que se asentaba sobre el mar. Era rojo, naranja, amarillo, blanco, azul... fuego sobre el agua!

Como un adiós, la luz del día se fue. El rojo y el naranja se dispersaron en la oscuridad mientras un toque de melancolía se clavó en mi corazón.
Los atardeceres me hacen sentir algo que no puedo describir, tal vez si es melancolía. Me recuerdan que aún, algo tan grande y glorioso como el día, puede terminar.

Por eso los evito, solo los miro con esperanza cuando tengo cerca a alguien que me haga sentir que el mañana si llegará. Que ese final en el horizonte solo es un estado pasajero y que pronto llegará la luz. Solo los disfruto cuando estoy cerca de ella. Ella, que me sostiene de su mano y me ayuda a atravesar la noche con pasión y risas, con caricias y abrazos.

Si ella no está, pasa en vela mi alma. No importa realmente si es noche o día y definitivamente no soy alguien con quien quiera estar a solas, la necesito a ella para volver a sentir.

Intento torpemente sentarme en la arena a la orilla del mar, miro al horizonte y espero que el sol desaparezca detrás de aquella cortina de agua intentando engañarme a mi mismo, pensando que el simple recuerdo de ella a mi lado bastaría para sentir y valorar el momento pero es mentira.
Cada segundo solo la recuerdo mas, cada instante me hundo más en el sinsentido de mi teatro. Anhelo mirar el reflejo de la luz en su piel, ver como su cabello revolotea al capricho del viento, muero por que sus dedos sutilmente acaricien mis manos y que recueste su cabeza en mi hombre...

Me siento pobre, desvalido y cada parte de la necesita. No me atrevo a ser feliz sin ella...

Llega la noche, me levanto de la arena y camino de regreso. Que hermoso es soñar, inclusive soñarla a ella, seré tan feliz cuando al fín no sea un recuerdo, perdón, quise decir: cuando al fin no sea un sueño!.

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