El error. ¿El mejor maestro?


Equivocarse parece ser una estación obligatoria en la vida del hombre, cometer errores parece ser parte de la naturaleza del ser humano.
Al punto de que los refranes y las enseñanzas de los más experimentados consejeros rezan que debemos aprender de los errores, como si los aciertos fueran mediocres maestros en la vida.
Si es verdad que de los errores se aprende, ¿de que nos sirven los éxitos y aciertos?, parecería ser que solo para inflar nuestro ego y orgullo.

Hay un cierto sinsentido en esta empírica enseñanza, sin embargo nadie podría asegurar que es errónea. Hemos escuchado tantas veces esta "verdad" que la terminamos creyendo.

Pero, en el principio no fue así, hubo un tiempo en el que el error no era el mejor maestro, cuando las experiencias no eran las más cotizadas consejeras. Un tiempo cuando los aciertos y los éxitos eran los guías y mentores de la humanidad.

Solo para las mentes simples, la vida se compone de experiencias. Esas circunstancias que luego de haberlas experimentado te dejan una moraleja. Que simple manera de vivir. Una loa al conformismo y al despropósito. Acaso somos tan intrascendentes como para depender únicamente de lo que podamos aprender a partir de lo que hacemos mal.

Que hay acerca de los pensamientos, los sueños, la fe, el amor, la planificación, el estudio, la ciencia, etc, etc. No somos esclavos de la prueba y error. Debe, o mejor dicho debería haber un camino de certezas y seguridades. Un sistema mas eficiente y funcional, es decir, una manera de hacer las cosas y vivir la vida sin tanto sufrimiento, sin tanto dolor o miseria.


Porque, ¿quien podría decir que aprender de los errores es satisfactorio?
El sistema no pudo haber sido diseñado tan mal. Un caminar tan accidentado y doloroso para que el ser humano durante su fugaz existencia se la pase de tormento en tormento y de martirio en martirio.
Porque dicho sea de paso, la "experiencia" adquirida a partir de aquel error solo dura poco. Muy pronto estaremos nuevamente atravesando el mismo pasillo del remordimiento y la vergüenza del error repetido.

Me niego a creer que el Diseñador del universo lo planificó así, pero si dejó que pasara. Y mientras el mundo grita a voz en cuello que vivas y experimentes, la silenciosa voz de la razón dice no, no es necesario que te arriesgues, no es necesario que experimentes, no es necesario que sometas a prueba tu moral y tu dignidad para llenar tu bolsa de experiencias.
¿Porqué? porque la dignidad y la humanidad del hombre está en su inocencia.

Bienaventurados los sencillos de corazón porque ellos verán y conocerán la Pureza.

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